La primera pila eléctrica fue la llamada pila voltaica, que fue dada a conocer por Alessandro Volta en 1800 mediante una carta que envió al presidente de la Royal Society londinense. Se trataba de una serie de pares de discos (apilados) de cinc y de cobre (o también de plata), separados unos de otros por trozos de cartón o de fieltro impregnados de agua o de salmuera, que medían unos 3 cm de diámetro. Inmediatamente empezaron a hacerse por toda Europa y América
innumerables pruebas con diversos líquidos, metales y configuraciones,
tratando de mejorar las características del aparato original, cosa que
pocas veces se consiguió, pero que originó una infinidad de distintos
tipos de pilas, de los cuales no ha quedado memoria más que de los más
notables.


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